Monday, February 22, 2010
Saturday, May 05, 2007
Saturday, April 28, 2007
Tuesday, February 27, 2007
Mirada al Vacío* Necesito encontrar el eslabón que me falta para poder parar este vértigo tan fuerte, producto de un no se si sera o no... * Quiero saber que encontré la confianza absoluta para hablar del todo y la nada sin necesidad de uno o más roces incomodos... * Me encantaría saber que cuento con la cantidad exacta de elementos en mi vida para comprobar que valió la pena estar aquí... seguir aquí... * Quisiera poder expresar sin palabras lo más profundo de mi ser, sin ser incomprendida... * Ojalá encuentre un lugar donde no aniquile la vida, sentimientos, pensamientos.... * Aspirar sin miedos el mismo aroma en cualquier momento... * Hablarte sarcásticamente sin que te incomode o pierdas la apreciación n que tienes de mi... * Encontrar el punto exacto to donde podamos reír sin tener un porque y reírnos de ello...
continuará...
Thursday, December 21, 2006
Friday, December 08, 2006

¿Cómo pasarás la Navidad?
Una taza de chocolate en la mano derecha, un pedazo de panteón en la otra, los más pequeños alrededor del árbol tratando de adivinar que hay dentro de ese papel tan llamativo y el moño rojo, la familia reunida hablando, riendo, llorando, recordando; después de todo es navidad. Es la única fecha en la que la familia se abre y comparte, como si realmente existiera esa “magia” que dicen viene acompañando al nacimiento del niño Jesús. Sin embargo, ¿Qué será de ese niño que se te acerca al carro a limpiarte el parabrisas y te pide unas monedas, porque tiene hambre? ¿Quién le asegurará aunque sea un vaso de leche y un trozo de pan? ¿Pasará ese niño una navidad en compañía? Posiblemente pasará una noche buena más fría que la del año anterior.
Sabido es que la globalización provocó la venida del gordito de barbas blancas: Papa Noel, pero más que globalización es la alienación de los países subdesarrollados. Ya que la forma de celebrarla, por lo menos en todo Latinoamérica, es la misma que la americana aunque sazonada, pues lo que ésta trae consigo –materialmente hablando- no corresponde a la estación. Ahora es imposible pasar las fiestas navideñas sin panteón y chocolate, el pino lleno de luces con la estrella en la punta y por supuesto el nacimiento. Solemos invertir cada vez más en los adornos para nuestros hogares.
Lo que podría darle un giro positivo -ya que prima lo material ante lo espiritual que esencialmente debería traer estas fiestas- es que los padres involucran cada vez más a sus hijos para los preparativos navideños; plantean fechas para armar el nacimiento y poner el árbol en pie. Los niños se emocionan rápidamente, empiezan a contar los días, escriben cartas a Papa Noel y en los colegios hacen llamativos adornos que luego los padres pondrán en la sala para mostrar orgullosos lo que sus pequeños hicieron.
Llega el 24 de diciembre, todas las mujeres de la familia metidas en la cocina, cada una con una labor preestablecida dependiendo de la edad –o la sazón- sacando el pavo del horno, decorando las diferentes ensaladas, ordenando la mesa: el mantel, los platos y los cubiertos –porque de todas maneras a parte de separar el mejor panteón, sacarán la vajilla más cara que tengan-. Los hombres, porque aun hay cierto machismo, sentados en la sala y de cuando en cuando dando vueltas por la cocina, pellizcando el pavo o metiéndole dedo a los purés. Claro para dar el visto bueno. ¿Y los niños? Ellos estarán corriendo por la casa, sobretodo si se reúnen los primitos traviesos que no se ven desde la navidad pasada y preguntando la hora cada cinco minutos, ansiosos por abrir sus regalos.
Hasta ahora todo bien, todos felices, todos juntos. Sin embargo, ni nos imaginamos, como la estarán pasando los niños en las calles, los indigentes, las madres rodeadas de niños y muchas bocas tristes a las que no pueden alimentar bien en días. Para ellos, la noche buena no es más que otra noche. Las empresas e instituciones brindan ayuda a estas personas de alguna manera –casi siempre material- como por ejemplo, haciéndoles una chocolatada con panteón incluido y regalando un juguete en buen estado de otro niño. Desafortunadamente, esta será parte de las relaciones públicas de la empresa; no lo hacen de buen corazón como intentan aparentarlo.
Cada vez le pierdo el encanto a la navidad, solo espero ese día con algo de entusiasmo porque sé que vendrán mis tíos y primos para pasarla juntos. Vamos a conversar de lo que pasó en todo el año. Aunque posiblemente el tema no sea solo ese, sino, como en las ultimas navidades, el tema principal será de cuanto subirán de peso con todo lo que se come en estas fechas y los gimnasios a los que tendrán que meterse para estar delgados para verano. Sin si quiera pasarles por la cabeza, que todo lo que tu dejas de comer por simple vanidad, ellos podrían estar compartiéndolo entre toda una familia.
Sabido es que la globalización provocó la venida del gordito de barbas blancas: Papa Noel, pero más que globalización es la alienación de los países subdesarrollados. Ya que la forma de celebrarla, por lo menos en todo Latinoamérica, es la misma que la americana aunque sazonada, pues lo que ésta trae consigo –materialmente hablando- no corresponde a la estación. Ahora es imposible pasar las fiestas navideñas sin panteón y chocolate, el pino lleno de luces con la estrella en la punta y por supuesto el nacimiento. Solemos invertir cada vez más en los adornos para nuestros hogares.
Lo que podría darle un giro positivo -ya que prima lo material ante lo espiritual que esencialmente debería traer estas fiestas- es que los padres involucran cada vez más a sus hijos para los preparativos navideños; plantean fechas para armar el nacimiento y poner el árbol en pie. Los niños se emocionan rápidamente, empiezan a contar los días, escriben cartas a Papa Noel y en los colegios hacen llamativos adornos que luego los padres pondrán en la sala para mostrar orgullosos lo que sus pequeños hicieron.
Llega el 24 de diciembre, todas las mujeres de la familia metidas en la cocina, cada una con una labor preestablecida dependiendo de la edad –o la sazón- sacando el pavo del horno, decorando las diferentes ensaladas, ordenando la mesa: el mantel, los platos y los cubiertos –porque de todas maneras a parte de separar el mejor panteón, sacarán la vajilla más cara que tengan-. Los hombres, porque aun hay cierto machismo, sentados en la sala y de cuando en cuando dando vueltas por la cocina, pellizcando el pavo o metiéndole dedo a los purés. Claro para dar el visto bueno. ¿Y los niños? Ellos estarán corriendo por la casa, sobretodo si se reúnen los primitos traviesos que no se ven desde la navidad pasada y preguntando la hora cada cinco minutos, ansiosos por abrir sus regalos.
Hasta ahora todo bien, todos felices, todos juntos. Sin embargo, ni nos imaginamos, como la estarán pasando los niños en las calles, los indigentes, las madres rodeadas de niños y muchas bocas tristes a las que no pueden alimentar bien en días. Para ellos, la noche buena no es más que otra noche. Las empresas e instituciones brindan ayuda a estas personas de alguna manera –casi siempre material- como por ejemplo, haciéndoles una chocolatada con panteón incluido y regalando un juguete en buen estado de otro niño. Desafortunadamente, esta será parte de las relaciones públicas de la empresa; no lo hacen de buen corazón como intentan aparentarlo.
Cada vez le pierdo el encanto a la navidad, solo espero ese día con algo de entusiasmo porque sé que vendrán mis tíos y primos para pasarla juntos. Vamos a conversar de lo que pasó en todo el año. Aunque posiblemente el tema no sea solo ese, sino, como en las ultimas navidades, el tema principal será de cuanto subirán de peso con todo lo que se come en estas fechas y los gimnasios a los que tendrán que meterse para estar delgados para verano. Sin si quiera pasarles por la cabeza, que todo lo que tu dejas de comer por simple vanidad, ellos podrían estar compartiéndolo entre toda una familia.
Friday, November 17, 2006
Talento PeruanoMédicos, abogados, ingenieros, caos vehicular… más taxistas. ¿Por qué ser lo que nuestros frustrados padres no pudieron a nuestra edad? Nunca estuve de acuerdo con aquellos padres que no dejan a sus hijos la libertad de elegir por sí mismos su futuro. La creatividad y el talento de un hijo mal orientado puede arruinarle de cierta forma la vida a las futuras generaciones.
¿Qué vas a ser de grande? “Cantante”- responde un niño inocentemente a su padre mientras que este saca cuentas de cuanto “invertirá” en su hijo en los siete años de medicina, pues el post grado y doctorado fuera se lo tendrá que pagar el pequeño con sus prácticas. Lo que no sabe es que su hijo posiblemente estudie esa carrera solo por la presión, mas nunca será un doctor satisfecho por vocación.
Otro caso muy común, es el de los “chicos raros” –los incomprendidos– en la universidad. Sí, ellos, los que siempre tienen las ideas más descabelladas, los que hablan poco pero lo suficiente, los que aman la fotografía y los que hacen miles de dibujos en sus cuadernos y por alguna extraña razón salen con notas brillantes.
Si un chico de diecisiete años les dice a sus padres que lo que quiere estudiar es artes plásticas –peor aún si quiere estudiar en la Católica– la primera reacción de su progenitor no será un abrazo por la acertada decisión de ese hijo artista de la familia, sino una mirada al chico bizarro y la pregunta que ningún hijo quisiera escuchar de un padre: ¿Estas metido en drogas? Lo más probable es que el padre no se proyecte a pagar los siete años de medicina sino los siguientes dos años del centro de rehabilitación.
Vivimos en una sociedad donde piensan que si sus hijos no son médicos o abogados no tendrán un buen futuro. Tienen que esperar que salga un Juan Diego Flores o una Sofía Mulanovich, talentos a nivel internacional para valorar a la hija que tienen en casa que quizá no este jugando a la doctorcita con sus muñecas sino asistiendo a sus clases de ballet o a su pequeño que no está resolviendo un problema de física sino sacando la Quinta sinfonía de Beethoven en su pequeño órgano que pidió por su cumpleaños.
Lo que cada padre desea para sus hijos es su felicidad. Nunca reprima a un niño que rayó la pared de su cuarto, eso es arte, algunos lo llaman Graffiti. Por ningún motivo calle a un niño haciendo sonar un cucharón sobre una olla; será el mejor baterista de la banda que nos traerá el próximo premio de MTV. Y por supuesto, nunca resondre a su hijo que trajo un hueco en el pantalón de colegio por jugar fútbol, en unos años podrá pagárselo y comprarse muchos más cuando se peleen por él diferentes equipos de fútbol extranjeros.
¿Qué vas a ser de grande? “Cantante”- responde un niño inocentemente a su padre mientras que este saca cuentas de cuanto “invertirá” en su hijo en los siete años de medicina, pues el post grado y doctorado fuera se lo tendrá que pagar el pequeño con sus prácticas. Lo que no sabe es que su hijo posiblemente estudie esa carrera solo por la presión, mas nunca será un doctor satisfecho por vocación.
Otro caso muy común, es el de los “chicos raros” –los incomprendidos– en la universidad. Sí, ellos, los que siempre tienen las ideas más descabelladas, los que hablan poco pero lo suficiente, los que aman la fotografía y los que hacen miles de dibujos en sus cuadernos y por alguna extraña razón salen con notas brillantes.
Si un chico de diecisiete años les dice a sus padres que lo que quiere estudiar es artes plásticas –peor aún si quiere estudiar en la Católica– la primera reacción de su progenitor no será un abrazo por la acertada decisión de ese hijo artista de la familia, sino una mirada al chico bizarro y la pregunta que ningún hijo quisiera escuchar de un padre: ¿Estas metido en drogas? Lo más probable es que el padre no se proyecte a pagar los siete años de medicina sino los siguientes dos años del centro de rehabilitación.
Vivimos en una sociedad donde piensan que si sus hijos no son médicos o abogados no tendrán un buen futuro. Tienen que esperar que salga un Juan Diego Flores o una Sofía Mulanovich, talentos a nivel internacional para valorar a la hija que tienen en casa que quizá no este jugando a la doctorcita con sus muñecas sino asistiendo a sus clases de ballet o a su pequeño que no está resolviendo un problema de física sino sacando la Quinta sinfonía de Beethoven en su pequeño órgano que pidió por su cumpleaños.
Lo que cada padre desea para sus hijos es su felicidad. Nunca reprima a un niño que rayó la pared de su cuarto, eso es arte, algunos lo llaman Graffiti. Por ningún motivo calle a un niño haciendo sonar un cucharón sobre una olla; será el mejor baterista de la banda que nos traerá el próximo premio de MTV. Y por supuesto, nunca resondre a su hijo que trajo un hueco en el pantalón de colegio por jugar fútbol, en unos años podrá pagárselo y comprarse muchos más cuando se peleen por él diferentes equipos de fútbol extranjeros.
Artículo de Opinión - Redacción Periodística
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